FIAC: Mircea Cantor, artista galardonado con el premio Marcel Duchamp
El artista rumano Mircea Cantor fue galardonado con el premio Marcel Duchamp que le fue entregado durante la 38.ª edición de la Feria Internacional de Arte Contemporáneo (FIAC) en París, Francia.
Fishingflies: fue el nombre de la obra por la que el artista recibió el mencionado reconocimiento, una obra “densa en significados y repleta de símbolos referentes a la sociedad contemporánea, donde además destaca las ventajas y desventajas de la globalización, según describió el director del Museo Nacional de Arte Moderno del Centro Pompidou y presidente del jurado, Alfred Pacquement.
“El artista logra apoderarse de fenómenos surgidos de la sociedad contemporánea, de los cuales él propone representaciones simbólicas. Estas alegorías reales están como suspendidas entre lo real y lo imaginario”, declaró el experto.
La obra es una instalación como una gran red para cazar mariposas formada por oro, anzuelos fijos en aviones que el artista creó con objetos recuperados (botellas de cerveza, el bambú, e hilo de nylon). El artista rumano recibió de manos del Alfred Pacquement, director del Centro Pompidou, un cheque por 35.000 euros y el compromiso de realizar una muestra de carácter itinerante.
El Premio Marcel Duchamp fue creado en 2000 por la Asociación para la Difusión del Arte Francés (ADIF), en colaboración con el Centro Pompidou, la Feria Internacional de Arte Contemporáneo (FIAC) y empresas privadas, para estimular a los artistas franceses, o extranjeros radicados en Francia, y distinguir su aporte innovador en distintos soportes: video, instalación, escultura, pintura y fotografía.
Inspirado en el prestigioso y controvertido Turner Prize de los británicos, este galardón no persigue otro objetivo que hacer de París una cantera de lo nuevo, condición necesaria para recuperar el liderazgo de los negocios.
Mircea Cantor agradeció el galardón durante la comida ofrecida por la empresa Marcel Dassault (fabricante de los aviones Mirage) en un palacio ubicado en la zona de Champs Elysées. Curiosamente, ese barroco hotel particulier fue construido por encargo de Saturnino Unzué (todavía se conservan sus iniciales en la reja del edificio).
El jurado integrado, entre otras personalidades, por los coleccionistas Rosa de la Cruz, de Miami; José Olympio da Veiga, de San Pablo, y Carolyn Christov, directora de la 13, Documental de Kassel, confirmó el alcance de este premio, que quiere ser una puerta de entrada para los artistas de todas partes, y una invitación a establecerse en Francia.
Cabe destacar que en la gran FIAC estuvieron otros famosos artistas plásticos de grandes nombres, como Gagosian, Ivon Lambert, Lisson, White Cube, Marian Goodman, Hauser & Wirth, Tornabuoni y Denise René, entre otros, que marcan el pulso internacional del mercado, más una lamentablemente pobre presencia de Latinoamérica: Tan solo dos galerías de México y tres de Brasil: Luisa Strina, Vermelho y Luciana Brito, todas de San Pablo. Entre los grandes ausentes estuvieron tambien las galerías madrileñas, salvo Elvira González con su entusiasmo manchego. Ninguna de la Argentina estuvo presente esta temporada.
En este atractivo evento de la FIAC La selección de obras fue digna de un museo, o de una bienal, una apresiacion asi viene a la mente, si se piensa en las atrevidas propuestas de Maurizio Cattelan y Thomas Hirschoorn, más el increíble montaje que ha ideado Karl Lagerfeld, diseñador de Chanel, para la galería suiza Gmurzynska. Unas modelos flacas como spaghettis se pasean por el stand donde el germano Karl ha colgado también sus fotografías.
El precio del stand en la FIAC oscilaba por los €37.000, aparte los seguros, el traslado, los invitados vip, etc. Este es el precio requerido a pagar para las galerías que debían formar parte de la "reconquista" del mercado. París pretende volver a ser el gran centro de los negocios de arte, de la legitimación y difusión de artistas, como lo fue en los albores del siglo XX, cuando despegaron las vanguardias y los coleccionistas descubrieron el genio de Braque, Picasso y Matisse.
Quizás por eso el ministro de Cultura de Francia, Frédéric Mitterrand, acaba de poner sobre la mesa un programa de 15 puntos para apoyar el arte contemporáneo. Cultura, política y negocios caminan por la misma senda en esta Europa jaqueada por la crisis.
Para lograr posicionarse en el ranking mundial de ferias, la FIAC deberá competir con el relojito suizo de Art Basel y con la ascendente Frieze de Londres, que la semana última exhibió la insolente prosperidad de los marchands ingleses.
En medio de la crisis financiera internacional, y con la tasa de desempleo más alta de los últimos 17 años, entre la feria y las subastas de Christie's, Sotheby's y Phillips los británicos vendieron obras de arte por valor de US$ 500 millones.
Pareciera que el arte se mueve por un carril separado y canaliza el dinero de los nuevos ricos del mundo, que son los rusos y los chinos. Frieze nació por un grupo de jóvenes en 2003. Creció al abrigo de referentes como Nicholas Serrota, director de la Tate Modern. Hoy es un éxito. En cuatro días de feria, los galeristas facturaron US$ 350 millones de dólares, según la agencia Bloomberg.
Empresarios rusos como Roman Abramovich, dueño del equipo Chelsea y de una galería en Moscú, prefieren comprar en Londres, donde tienen su base de operaciones y fronteras "más abiertas". Para compensar, París tiene su "task force" del arte contemporáneo con tres jugadores fuertes: François Pinault (Christie's, Printemps y Gucci), Bernard Arnaud (del Grupo Louis Vuitton) y, el último en llegar, Guillaume Houze, dueño de las Galeries Lafayette, principal sponsor de la FIAC.
Paris con este atractivo evento de la FAIC evidentemente intenta mantener sus fronteras abiertas para poder competir con el enorme atractivo de Londres, pero, muy especialmente, con Berlín, cuya escena del arte y sus artistas son en la actualidad los más interesantes de Europa.
Alemania, además de desarrollar un fuerte y comprometido coleccionismo, ofrece ventajas comparativas para los artistas que se radican allí.
Sin olvidar que vivir en Berlín es mucho más barato que instalarse en París.
Solo la creatividad y el tiempo, dirán a donde nos llevara mañana el futuro centro del arte moderno.
